Una calurosa tarde de julio, la mágia del Cabo inundó mis sentidos. Los colores no importaban ya, cuando todo lo que me rodeaba rezumaba esa sensación tan especial que algunos dicen que es el espíritu del Cabo. De repente sentí que no podía dejar de disparar mi cámara. Quería más y más. Deseaba cazar aquellos momentos, preservarlos de las trampas del tiempo, poder eternizarlos y transmitirlos de alguna manera a los demás. - el autor -